Muchos meses después, aprovechando que tengo tiempo libre y a petición del público (público= Food Junky, jaja), estoy desempolvando el blog para volver a hablar sobre nutrición y salud.
Algo de lo que me parece se habla menos de lo que debería ser, es del sobrepeso y la mala alimentación infantil. Me encontré hoy este artículo y lo primero que recordé es qué tan seguido he visto que los padres les ofrezcan a los hijos comida rápida como un premio o como la alimentación de todos los fines de semana.

Sabemos que se hace con buena intención. Pero la falta de información de cómo comer bien y saludable se pasa de generación en generación (junto con las consecuencias como la obesidad y las enfermedades). Nosotros somos responsables de lo que elegimos para comer, pero los niños comen lo que sus padres les dan.
Frases como “qué lindo chiquito, así gordito” con la creencia de que un niño “relleno” es más sano o más bonito, han hecho que los padres en vez de controlar el sobrepeso, lo alienten. Antes se pensaba que no importaba el exceso porque estaban muy jóvenes para enfermarse. Ahora las estadísticas de la OMS nos prueban que no hay que esperar a ser adulto para sufrir las consecuencias de comer mal. No sólo se trata de que el niño se engorde, sino que esos niños están cerca de convertirse en pacientes diabéticos, con problemas de colesterol, triglicéridos, presión alta, problemas del corazón (todos estos problemas considerados “de adulto”), fatiga, problemas digestivos y hasta problemas para concentrarse. Hay muchos casos de Diabetes tipo II en niños, que los padres habrían evitado comiendo mejor.
¿Cuántos niños van a la escuela con meriendas de gaseosas, galletas, chocolates y frituras? Incluso la publicidad ha hecho que muchos padres les den a sus hijos “jugos naturales” que en realidad vienen llenos de preservantes y azúcar, sin saber que no es nutritivo ni natural.
En la casa, es mejor no dejar que el niño o la niña se sirva su propia comida. Seguro va a escoger sólo lo que le gusta y dejar comidas esenciales por fuera, y hasta podría tomar más (o hasta menos) comida de la que necesita para la buena salud. Es mejor servir las porciones de comida adecuadas en el plato para tener una comida balanceada y completa. Además, no se deben eliminar ensaladas, vegetales y legumbres de las comidas sólo porque al niño no le gusten o no quiera comérselas. Comer bien es parte de un proceso de educación en el que a veces tendrán que aceptar alimentos que no son sus preferidos para estar sanos. Es una negociación que se puede resolver con un pequeño postre (ojalá que incluya frutas) como premio. Mejor que una hamburguesa, ¿verdad?
Desde que estamos pequeños se nos debería enseñar a comer frutas y vegetales todos los días, y tomar mucha agua (no sólo en frescos o jugos, sino agua pura). Además de esto, recordemos que los niños sí pueden tomar batidos y suplementos nutricionales para complementar sus comidas, ya que algunas personas no los utilizan pensando que no son saludables y prefieren dejarlos con una dieta baja en nutrientes de calidad. Sólo deben asegurarse de que éstos estén avalados por las autoridades de salud y de recibir la asesoría de cómo combinarlos en forma segura y sana con las comidas que ya hacen. De esta forma, podrán asegurarse mejor de completar las deficiencias de vitaminas, minerales y otros nutrientes que no siempre están presentes en los alimentos que consumimos.
No hay que quitarles a los niños los dulces y las cosas que les gustan, pero es responsabilidad de los adultos velar que sea en cantidad adecuada y que esté balanceado con una dieta saludable para que puedan darse esos gustos sin enfermarse. Si quieren asegurarse de que sus hijos tengan la mejor nutrición, no duden en consultarlo con un nutricionista o asesor de bienestar.
Excelente post! Y que tema más importante de verdad! Yo creo que una de las cosas más importantes es que los guilas entiendan, de la mejor manera posible, por qué es que hay que limitarse. Yo no tengo hijos, así que no se realmente cuan dificil sea lograrlo, pero conozco niños que legan a pedir un chocolate, se lo comen, llegan a pedir otro, la mamá les dice “pero ya te comiste uno, de verdad todavía tenés hambre” y el chiquito de 8 años sabe que no, y lo acepta, y se disculpa sin berrinches, ni caras de enojo, ni de tristeza ni nada, al rato si uno lo busca se está comiendo media pera, sin pelear ni insistir, porque aunque no sabe qué es la diabetes, sabe que no es bueno para él, que la mamá lo limita pensando en su bienestar, y que de todos modos tiene muchos alimentos que puede disfrutar y que además son nutritivos!